El viaje a la plaza en el coche de cuadrillas es bastante
silencioso, casi nunca comentamos nada. Yo siempre monto
en la fila de en medio y en el asiento de en medio. Vamos
bastante callados todos, responsabilizados.
Al llegar a la plaza no entro en capilla, voy directo
al patio. En ese momento la gente viene a verte y a saludarte,
pero a mi me gusta estar un poco más tranquilo y quedarme
más solo sobre todo los últimos diez minutos.
La cosa va hacia adelante. No suelo hablar mucho con
los compañeros; nos saludamos, claro, pero por norma general
no comentamos nada trascendente. Me lío el capote y la cuadrilla
me da los últimos retoques.
Cuando se abre la puerta empiezas a liberar miedos,
pero hasta que no estás delante del toro no estás a gusto.
Intentas afrontar el peligro por ti mismo y en ese momento
ya te abandonas.
Abrir cartel no me gusta demasiado pero me he acostumbrado
a lo largo de los años. Ya tengo cierta veteranía e incluso
de novillero iba siempre con compañeros más nuevos que yo.
De todas formas, prefiero que sea otro el que vaya por delante.
Lo que y es cada vez más difícil es ir el tercero de la
terna, pero tampoco me importa mucho, aunque quizá es lo
más cómodo. Así te haces una idea de la gente, los toros,
el tiempo...
Cuando sale el toro voy analizándole sus movimientos,
si trota o galopa, si remata y cómo lo hace... porque todo
esto te hace ver cómo puede ser el animal, auque luego a
lo mejor no sirva. A mi me gusta que galope, que acuda,
que tenga fijeza y que cuando llegue, remate. Me da un poco
más de confianza.
|