CAPÍTULO 3: La llegada a la plaza

El viaje a la plaza en el coche de cuadrillas es bastante silencioso, casi nunca comentamos nada. Yo siempre monto en la fila de en medio y en el asiento de en medio. Vamos bastante callados todos, responsabilizados.

Al llegar a la plaza no entro en capilla, voy directo al patio. En ese momento la gente viene a verte y a saludarte, pero a mi me gusta estar un poco más tranquilo y quedarme más solo sobre todo los últimos diez minutos.

La cosa va hacia adelante. No suelo hablar mucho con los compañeros; nos saludamos, claro, pero por norma general no comentamos nada trascendente. Me lío el capote y la cuadrilla me da los últimos retoques.

Cuando se abre la puerta empiezas a liberar miedos, pero hasta que no estás delante del toro no estás a gusto. Intentas afrontar el peligro por ti mismo y en ese momento ya te abandonas.

Abrir cartel no me gusta demasiado pero me he acostumbrado a lo largo de los años. Ya tengo cierta veteranía e incluso de novillero iba siempre con compañeros más nuevos que yo. De todas formas, prefiero que sea otro el que vaya por delante. Lo que y es cada vez más difícil es ir el tercero de la terna, pero tampoco me importa mucho, aunque quizá es lo más cómodo. Así te haces una idea de la gente, los toros, el tiempo...

Cuando sale el toro voy analizándole sus movimientos, si trota o galopa, si remata y cómo lo hace... porque todo esto te hace ver cómo puede ser el animal, auque luego a lo mejor no sirva. A mi me gusta que galope, que acuda, que tenga fijeza y que cuando llegue, remate. Me da un poco más de confianza.

 
1. Mi filosofía 2. Preparación de la corrida
3. Llegada a la plaza 4. Los vestidos de torear
5. La cuadrilla 6. El toreo de capa
 
 
 
  Me gusta estar solo los últimos minutos, más tranquilo