El capote es lo más importante que hay en el toreo
por la sencilla razón de que es el primer contacto
que tiene el animal embistiendo a algo. Es un poco el maestro
que le enseña y que le conduce hacia donde debe ir.
Entre utilizarlo bien y mal va un abismo en cuanto a que
el toro pueda luego embestir mejor o peor, aparte de que
dentro lleve él su comportamiento intrínseco.
Yo hago mucho hincapié en el toreo de capa. Cuando
estaba en la Escuela de Tauromaquia siempre paraba a los
toros con la muleta y de hecho el percal era un desconocido
para mí incluso después de debutar en público.
Como tenía defectos me llevaba unas volteretas tremendas,
sobre todo porque no sacaba el brazo, no toreaba con la
mano de afuera y no remataba los lances con las muñecas.
Y gracias a que no sabía hacerlo empecé a
practicar con tanto anhelo que al final ya lo dominaba con
bastante soltura.
En la Escuela me enseñaron que había una
cantidad enorme de quites con el capote y que todos ellos
se podían hacer. Lo que pasa es que entonces los
veía imposibles de realizar en la actualidad, con
el toro de estos tiempos; por eso cuando los empecé
a poner en práctica y vi que me salían bien
sentí una gran satisfacción.
En suma, tanto para parar a los toros y conducirlos al
caballo como para el lucimiento pienso que el capote tiene
gran importancia y yo le presto bastante atención.
Ahí se aprecia cómo se desenvuelve el toro
y te marca las coordenadas que luego te indican cómo
se va a comportar en la muleta.
A mi me gusta embarcarlo adelante, llevarle con las manos
bajas y luego soltarle por detrás. Y sobre todo forzarle
a describir líneas curvas y no rectas, para luego
poder someterle en la faena.
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