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"JOSELITO"
6 TOROS 6 (23/10/01)
Editorial. Por José Carlos Arévalo
La tarde de Joselito en la pasada feria de Zaragoza me ha
dejado huella. Fue una de esas actuaciones que convierten
la corrida de toros en un acto memorable, cuando se justifica
plenamente el dicho de que el aficionado no va a la plaza
a divertirse sino a otras cosas: a indignarse, a entusiasmarse,
a descubrir, a aprender, a comprobar...
El buen aficionado admira al torero, no lo juzga inquisitorialmente,
ni lo vigila como un celador cobardón detrás de la barrera,
como los más notorios aficionados del 7. El buen aficionado
va a los toros estimulado por lo que puede enseñarle un torero,
por lo que él puede descubrir en un torero y porque el torero
es el único medio que tiene para descubrir al toro.
En consecuencia, nadie es más duro con el torero que el buen
aficionado, aunque éste manifieste su decepción con un significativo
silencio o con esas broncas tan plenamente justificadas que
nunca ofenden a los verdaderos maestros.
Los verdaderos maestros son artífices de la comunicación,
aquellos toreros capaces de hacer sentir al público exactamente
lo que ellos sienten en cualquier detalle, un lance, un remate,
una inhibición, un cite. Los verdaderos maestros, al hacerse
entender espontáneamente, sitúan al público, ya sea aficionado
o gentil, en inmediata situación de saber, pues todo lo que
los maestros hacen está determinado por el toro. Al toro le
preguntan, le ordenan, le cortejan, le castigan, le engañan
o le desengañan, y por eso también entienden al toro al verle
responder a todos esos planteamientos.
Quizá lo más ilusionante de la Fiesta es poder comprobar -naturalmente,
cuando hay verdaderos toreros en la arena- cómo un espectador
o un público foráneo establecen un diálogo perfecto, la comunicación
más ejemplar que es la prueba palpable de su universalidad.
El otro día, en Zaragoza, eso fue lo que sucedió con Joselito
durante la lidia de dos toros complicados, el lote malo de
la buena corrida de Torrestrella. Sucedió que el público,
compuesto por bastantes buenos aficionados y también por público
ferial, entró en sintonía con un gran torero, un maestro que
hizo ver sin demagogia ni cuquería las dificultades de sus
dos toros y, acto seguido, su seriedad, su coraje y, por qué
no decirlo, su torera alegría para superarlas.
La actitud del lidiador era tan profundamente ética que dignificaba
al público, su comprensión del toro era tan inteligente que
convertía al cónclave en un coro de maestros. Se producía,
en virtud de esa exacta identificación, un hecho fascinante:
toreaba Joselito pero con él toreábamos todos. Todos medíamos
el castigo, la oportunidad de unos lances, la duración de
una serie de muletazos, la arriesgada manera de ir metiéndonos
poco a poco en el camino del toro para arrancarle sus últimas
embestidas o la elección de los terrenos y la distancia del
cite en unas estocadas que habían de producirse en sintonía
con el toreo realizado.
La lidia de aquellos dos toros, afortunadamente no premiada
por los jurados oficialistas que son la plaga de todas las
ferias, no levantó un clamor como después consiguió Ponce
con el toro de Martín Arranz, ni provocaban la simpatía despertada
por Paulita, pero durante ella sucedió un fenómeno de comunicación
taurina de rango superior, ese "bien" que subyace tras el
"ole", ese asentir "así es, así se hace" al contemplar un
cite o la geometría de un lance o el remate de un muletazo,
ese saber que las faenas, mediatizadas por los toros, eran
de oreja pero de una oreja nada más, como sabían el torero,
el presidente y el público, trinidad de un solo coro. Un coro
sin disonancias, sin entendidos ni pardillos o villamelones,
sino ese coro señorial y magnífico, espontáneo y bravío, popular
y solvente que da a las corridas de toros un tono superior
a cualquier otra congregación pública. Eso sí, sólo cuando
un torero grande decide ponerse a torear.
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JOSÉ
MIGUEL ARROYO "JOSELITO": "TENGO 32 AÑOS
Y LLEVO 22 TOREANDO"
La Clave (5/10/01)
Por Mar Barbero de Zubillaga
-Ante
todo, enhorabuena maestro por su magnífica temporada.
-Muchas gracias. La verdad estoy muy contento de cómo me está
saliendo todo y espero que las cosas no se me tuerzan en lo
que queda de temporada.
-Es usted una persona tan seria como aparenta o es producto
de la responsabilidad que soporta desde que era un niño?
-Más que serio soy una persona muy tímida y muchas veces puedo
parecer borde o antipático pero es producto de la timidez
y no de la seriedad. Sin embargo sí que es verdad que
desde muy chico he sido una persona muy responsable, aunque
muchas veces me ha dado igual "ocho que ochenta".
-El haber estado siempre rodeado de gente mayor también le
habrá condicionado.
-Por supuesto. Desde que tenía diez años he estado rodeado
de personas mucho mayores que yo y eso te hace comportarte
de una manera que quizás no es la más apropiada para tu edad.
-¿Cómo es Joselito, o mejor dicho, José Miguel Arroyo, después
de pasar un año sabático?
-Supongo que como persona he evolucionado igual que si hubiera
estado toreando. He madurado mucho y le dado muchas vueltas
al coco. La vida es tan cambiante que lo que ayer te parecía
inviable mañana te parece fácil. No sé si mi vida ha cambiado
mucho o poco lo que si sé es que me encuentro más a gusto
conmigo mismo.
-¿Qué le llevo a tomar esa decisión?
-Quería saber si era capaz de hacer otras cosas además de
torear... Afortunadamente, después de un año , me he dado
cuenta que soy igual de feliz y sobre todo que sirvo para
hacer un montón de cosas fuera de la plaza. Tenga en cuenta
que, de 32 años que tengo, 22 los he pasado toreando por lo
que mi gran incógnita era saber si sobreviviría sin esto.
-Por lo que veo tiene usted grandes inquietudes y ganas de
aprender.
-Desgraciadamente tuve que dejar de estudiar cuando era muy
pequeño. Aunque, la verdad, es que tenía mucha facilidad para
los estudios. Pero a los catorce años estaba ya con picadores
y todo era mucho más serio y había que estar muy concentrado.
Cuando estaba sentado en clase de matemáticas o de literatura,
mi mente estaba con los toros y pensé, para estar así, mejor
lo dejo porque ni estoy aquí ni estoy en ningún sitio.
-¿Se arrepintió de tomar esa decisión?
-Hombre, con el paso del tiempo lo sentí porque tenía facilidad
y me gustaba estudiar. No es fuera un cerebrito pero no lo
habría hecho mal y, aunque no hubiera sacado muy buenas notas,
me habría servido para culturizarme un poco más.
-De no haber sido torero ¿qué le hubiera gustado ser?
-Pues cuando era pequeño quería trabajar en la Casa de la
Moneda. Mi idea era que al terminar la jornada de trabajo
podía coger un saco y llenarlo de billetes y repartirlo entre
la gente. Pero cuando me enteré de que eso no se podía hacer,
cambié de idea. También quería ser abogado, aunque no sabía
muy bien lo que era, pero la idea de decir ¡soy abogado! me
gustaba.
-¿Y de mayor?
-Si hubiera podido hacer una carrera me habría gustado ser
médico o veterinario. Sí, creo que hubiera sido un buen médico.
-¿Nunca se ha planteado volver a estudiar?
-Me falta fuerza de voluntad. Me he hecho demasiado cómodo
y no me veo "hincando los codos" como cuando era chico.
-O sea, que con la escuela de la vida ya tiene bastante.
-Yo he visto y he tratado a personas con muchos estudios pero
que no tienen ni psicología ni sociología ni nada de nada
y son unos auténticos patanes. Sin embargo, yo tenía un amigo
que era ermitaño y que había sido pastor toda su vida y tenía
una inteligencia y una cultura que ya quisieran muchos universitarios.
Tener muchos estudios no significa ser mejor persona ni estar
por encima de nadie.
-¿Le gusta leer?
-Me encanta. He leído todo tipo de libros. Desde historia
novelada hasta biografías e incluso me he atrevido con la
filosofía. Hace poco me han regalado un libro que se titula
"Los Diez Toros del Zen " y que es interensantísimo.
-¿Qué libro está leyendo ahora?
-El Satiricón de Petronio.
-¿En que momento del día le gusta más leer?
-Antes de las corridas suelo dormir una pequeña siesta y,
tumbado en la cama, es cuando más disfruto de la lectura.
-¿Le ayuda a relajarse?
-Muchísimo. Además es en los momentos en que más me concentro
en la lectura. Es como un rito. Dése cuenta que cuando estoy
en casa estoy pensando en cuarenta cosas a la vez. Que sí
las vacas, que si el pienso, que si se ha estropeado no sé
qué, en fín, que no hay quien se concentre.
-Y también con algún que otro lloro infantil, porque acaba
de estrenarse como padre....
-¡Madre mía!. Eso si que se nota. Sobre todo por las noches
y eso que es una niña bastante buena.
¿Le ha cambiado la vida?
-La verdad es que el nacimiento de un niño lo cambia todo.
-Sobre todo el sueño...
-Además de verdad. Yo antes decía que era un hombre que dormía
poco pero por lo menos lo hacía del tirón. Ahora, a las tres
lloriqueo, a las siete lloriqueo....... y cuando no llora
encima te mosqueas por que te crees que le pasa algo. Me paso
el tiempo asomándome al capachillo para ver como está.
-¿Tuvo una sensación diferente en la primera faena tras el
nacimiento?
-Las sensaciones y los pensamientos para mi hija los dejo
para cuando estoy en casa. Cuando tengo el toro delante, no
pienso más que en la faena y en hacerlo lo mejor posible.
-¿Cómo es un día cualquiera de su vida?
-Cuando estoy en temporada me suelo levantar a las ocho de
la mañana, Voy a correr, toreo de salón, como temprano y me
echo un rato la siesta. Por la tarde, o me voy a la plaza
o si estoy en la finca me ocupo de un montón de cosas que
siempre hay que hacer. Cuando acabo la temporada me paso un
mes sin hacer nada o lo que es lo mismo, tumbado a la bartola.
-¿Le gusta viajar?
-No mucho. El otro día vinieron a casa unos amigos míos que
se iban de viaje a Egipto y nos estuvieron contando a todos
los sitios que iban a ir y yo ya estaba cansado sólo de oírlos.
A mí lo que realmente me gusta es quedarme en casita. Tengo
la suerte de tener una gran casa, una piscina, buen vino,
buen jamón, buen queso y si quiero pegarme un homenaje y comerme
una mariscada bajo al pueblo y compro el marisco. ¿Qué necesidad
tengo yo de irme por ahí a pasar calor y penurias?. También
es verdad que me gusta mucho mi casa porque estoy poco en
ella.
-Y su mujer ¿qué dice?
-Hombre, la verdad es que a ella si le gustaría salir más
pero bueno, en el fondo me comprende.
-¿Cómo le va como ganadero?
-Este año estoy contento porque van las cosas bien. A la gente
ya le va sonando el nombre y nos han salido toros bastante
buenos. Y eso siempre es una bonita recompensa a todo el tiempo
y dinero que has invertido.
-¿Cómo se sufre más como torero o como ganadero?
-Sin lugar a dudas como torero. A mi me hace mucha gracia
la gente que dice que como ganadero se sufre mucho pero yo,
por ejemplo cuando voy a torear tengo un bolo en el estómago
que no me entra nada. Pero si voy de ganadero, llego al sitio
que sea, me pego la gran comida, me tomo media botella de
vino y estoy más contento que unas pascuas. No cabe duda de
que pasas miedo pero es un miedo distinto al del torero.
-¿Y la responsabilidad?
-La responsabilidad sí es comparable y siempre andas
pendiente de que todo salga bien, que se diviertan los espectadores
y los toreros, pero, en cualquier caso, aquí son los animales
los que deciden. Yo una vez que están en el ruedo no tengo
nada que hacer.
-¿Cúantas cabezas de ganado tiene?
-Ahora mismo, entre las dos ganaderías tenemos más de 300
vacas de vientre, unos 700 animales de ganadería brava, un
montón de vacas mansas...
-¿Se encarga usted personalmente de su seguimiento?
-Evidentemente yo estoy muy pendiente de todo pero para mí
es un mundo nuevo y desconocido. Hay muchas cosas que se me
escapan como el tema de la alimentación o las enfermedades.
Aunque es un mundo muy bonito también te da muchos disgustos.
-¿De qué corridas como ganadero está más satisfecho?
-En Soria dieron la vuelta al ruedo a uno de mis toros e incluso
pidieron el indulto. El que le tocó a Finito y el que toreé
yo también fueron muy buenos. Y el año pasado en Barcelona
también tuvimos un novillada muy brava que se llevó todos
los premios de la temporada. Esto siempre es muy gratificante
porque la ganadería también tiene muchos sinsabores.
-¿Cómo el problema de las "vacas locas".
-Bueno, eso ha sido terrible. Este año ha sido fatal, una
ruina. Con el ganado manso hemos tenido auténticos problemas
porque teníamos 300 terneros que no podíamos vender, no sabíamos
si los teníamos que matar... bueno un desastre. Menos mal
que yo tengo el toreo para aferrarme y poder salir adelante.
No me extraña que al que no tenga otra cosa le den ganas de
pegarse un tiro.
-¿Se siente cómodo toreando su propia ganadería?
-Sí, porque desde hace aproximadamente seis años sé
perfectamente cómo quiero que embistan mis toros. Otra
cosa es que lo consiga pero, sí, los preparo a mi manera.
-¿Hasta cuándo toreando?
-Mientras me dure la ilusión seguiré toreando. Y en este momento
estoy muy ilusionado. Pero también he tenido mis momentos
chungos como el 13 de Mayo en Valladolid que, después de varias
corridas que no se me habían dado bien, fue la gota que colmó
el vaso. Hacía mucho viento, las cosas no me salían y cuando
maté el segundo toro me fui al callejón y dije, se acabó.
Pero luego me fui al hotel, recapacité un poco , pensé que
podía haber sido "culpa del empredrao" y empecé a poner todos
los medios posibles para que las cosas salieran bien y...
parece que ha funcionado.
-¿Es usted muy visceral, muy de corazón?
-Yo no soy nada plano. Lo mismo hoy estoy eufórico y mañana,
o dentro de diez minutos, estar muy triste.
-¿Cúal es su signo del zodíaco?
-Tauro, o sea, un cabezón empedernido. Nací el día 1 de Mayo
, día del trabajo ¡por eso me parieron artista, para no trabajar!
-Con ese carácter provocará grandes amistades y grandes enemistades?
-Así me pasa. Y si además le añadimos lo tímido que soy pues
la imagen que doy es la de un borde. Pero de verdad que no
lo soy. Lo que ocurre es que yo soy muy mío para mis cosas
y tengo las ideas muy claras. Yo no me meto en la vida de
los demás, respeto mucho a la gente pero también quiero que
me respeten a mí.
-¿Qué opinión le merece la prensa del corazón, la venta de
exclusivas...etc?
-Que cada uno haga lo que le parezca. A mí personalmente no
me gusta hablar de mi vida privada, mejor dicho, yo hablo
con quien a mí me da la gana y de lo que quiero. Pero no consiento
que personas que ni siquiera conocen mi trayectoria profesional,
vengan a mi casa a hacer fotos a hurtadillas.
-¿Considera usted que el que no quiere salir en los papeles
no sale?
-Yo creo que hay muchas maneras de hacer las cosas y no salir
en los papeles.. Lo que no puede ser es que no quieras que
te hagan fotos y te vayas a un restaurante que sabes que está
cuajado de periodistas del corazón.
-Por lo visto, usted es el prototipo del vive y deja vivir.
-Totalmente. A mi me parece fenomenal lo que haga cada cual
con su vida, pero a mí que me dejen vivir tranquilo.
-¿Le afectan las críticas?
-Tomo nota, pero prefiero no hacer demasiado caso ni de las
muy buenas ni de las muy malas. No es que no me importen,
porque todas tienen su parte de razón, pero procuro quedarme
un poco al margen de las críticas aunque, como ser humano
que soy, no siempre lo consigo.
-Por cierto, ¿qué opina de Eva Florencia la joven promesa
del toreo?
-Pues, la verdad es que no me gusta demasiado ver a una mujer
delante de un toro. Me da como miedo, angustia, no sé...
-¿Es esa una actitud machista?
-No creo que sea machismo, probablemente sea la falta de costumbre
o un cúmulo de cosas que me influyen. Yo soy un gran defensor
de la mujer y las admiro profundamente. Pero vestidas de torero,
no sé... me parece que hasta cuando realizan los movimientos
típicos (que según nuchas persona son como de ballet), corren
o se plantan delante del toro resultan poco femeninas. Vaya,
que no me gusta.
-¿Torearía con alguna?
-No tendría ningún problema. Ahora bien, lo que sí
quiero es que si piden igualdad que sean iguales en todo.
De principio a fin. No vale llegar a la plaza y decir que
yo como soy mujer que me hagan esto o aquello. Igualdad, pues
igualdad.
-Sin embargo, en teoría, el toro no entiende de sexo.
-Seguro que no. De hecho, para ponerse delante de un toro
hay que echarle mucho valor, ya seas hombre o mujer. Yo no
estoy en contra de que las mujeres toreen sino de que exijan
prioridades. Además, para estar allí arriba hay que currárselo
mucho (sopena que seas hijo de alguien y te lo pongan más
fácil).
-En definitiva, que en este mundo no tiran más dos tetas que
dos carretas.....
-Eso está claro. Al sol no se le tapa con un dedo. Puedes
hacerlo durante un segundo pero luego ya no lo tapas. Que
pasa, que al final todo cae por su propio peso y aunque tengas
un comienzo más o menos fácil, como tú luego no seas
capaz, te dan morcilla.
-Además,
parece que como de toros todo el mundo entiende...
-Aquí lo gordo es que todo el mundo entiende pero nadie sabe.
La verdad es que esto no lo entiende ni el que lo inventó.
Todos lo que nos sentamos en el tendido como aficionados,
yo incluído, nos sentimos en cierto modo toreros frustados.
Y aunque nunca te hayas puesto delante de un toro te sientes
con el derecho de opinar y de decir cómo deben hacerse
las cosas. Yo muchas veces escucho aficionados que dicen "
el pico, por la derecha, no sé qué no sé cuanto..." y digo,
pero este tío no sabe ni lo que está diciendo. Y por otra
parte me digo, este si va a la ópera, no se le ocurre empezar
a gritar al tenor "que estás un tono más bajo " o " estás
desafinando".
-¿Esto significa que el público no les tiene respeto?
-No, en absoluto. El público nos respeta, lo que ocurre es
que se siente muy partícipe de la faena. Lo viven tanto que
llega un momento que se sienten realizadores de lo que se
está haciendo en la plaza.
-En otro orden de cosas ¿le gusta cuidar su aspecto físico?
-La verdad es que soy un tipo bastante dejado aunque me gusta
vestir bien. Como soy bastante clásico me gusta ir de traje
y corbata. Es más, me hubiera gustado haber nacido hace setenta
u ochenta años y vestir la ropa de entonces. Me parece que
entonces se cultivaba más la elegancia natural. Se utilizaban
sombreros, bastones.... Ahora todo es más estrafalario.
-¿Tiene usted algun modelo a seguir?
-Ángel Luis Bienvenida es uno de mis espejos. Tú
le ves y, aunque no le conozcas dices ¡Dios mío, este hombre
tiene que ser torero por narices! Tiene un plante y una elegancia
natural que tira para atrás. A mí me gustaría ser así.
-¿Sigue la moda?
-Pues no. Como soy delgado y no tengo problemas de talla compro
la ropa donde me pillé y sin comerme mucho el coco. Eso sí,
como tengo poca cintura, siempre tienen que meterme los pantalones.
-¿Y los vestidos de torear?
-Para eso soy muy cabezón y no me dejo asesorar por nadie.
Llego al sastre y pido colores oscuros y el bordado de siempre
que se llama "bordado clásico" porque era el de los antiguos
capotes de paseo.
-Desde luego es usted todo un clásico...
-No se crea, igual mañana me ve con un pendiente y unas greñas
hasta los hombros.
-No me lo creo.
-Pues hace mal porque mi sueño es ,cuando deje de torear,
dejarme melena a lo "heavy metal".
-¿Qué le gusta hacer a José Miguel Arroyo?
-Estar con mi familia, bajar a la compra.....
-¿No me diga que hace usted la compra?
-Claro que sí. Algunas veces bajo con mi madre o con mi mujer
y compro lo que haga falta, aunque sea cloro para la piscina.
-¿Cúal es su plato favorito?
-Aunque me gusta todo, el cocido me vuelve loco. En realidad
me gustan todos los platos de cuchara y la carne... Como como
una mala bestia. A veces yo mismo me asusto de lo que me meto
en el cuerpo. Claro, después se puede imaginar mis digestiones...
-Qué hace para mantenerse en forma?
-Correr y torear mucho de salón.
-¿No es usted deportista?
-Para nada. Ni juego al fútbol, ni al tenis ni a nada. En
mi casa pusimos una pista de padel y todavía ni la he estrenado.
En la piscina me meto pero tampoco se crea que nado mucho.
Lo que más me gusta del mundo es torear de salón y montar
a caballo...
-Sin embargo, de pequeño le gustaba mucho el fútbol.
-No sólo me gustaba sino que fue por el fútbol por lo que
empecé a torear. Yo iba siempre a jugar cerca de Las Ventas
(con mi camiseta número 9 de Santillana) y de tanto ver los
toros me aficioné a ellos.
-¿Cuántos kilómetros corre al día?
-Normalmente de cinco a seis kilómetros. Aunque hay épocas
en las que hago diez o doce e incluso veinte.
-¿Carrera contínua, velocidad...?
-Pues voy a mi aire porque como no quiero ser Carl Lewis ni
batir ningún record... Aquí de lo que se trata es de tener
un buen fondo físico para cuando esté delante del toro asfixiarme
lo menos posible.
-¿Y por qué no va usted a un gimnasio?
-¡Ni loco! A mí me meten en un gimnasio y me matan. Conque
vengo de correr y llego exhausto... como para hacer más valentías.
Pero si al final lo que pasa es que soy un zángano.
-Pues cualquiera lo diría con lo metódico que es usted.
-Pues sí, pero como también soy contradictorio, de la misma
manera me puedo pasar diez horas subido encima de un caballo.
Eso sí, siempre que tenga que hacer algo. Por ejemplo, ahora
tenemos que hacer las pruebas de tuberculosis a los animales,
y puedo estar desde las seis de la mañana hasta las tres o
las cuatro de las tarde subido en el caballo o estando de
aquí para allá, metiendo vacas, sacándoles sangre, etc. ¡No
vea que ejercicio se hace con eso¡
-¿Le gusta la música?
-Me encanta la música. Soy un melómano empedernido. Ahora,
eso sí, en cuanto a gustos musicales soy la persona más rara
del mundo.
-¿Por qué?
-Pues porque en dependiendo del momento, lo mismo puedo escuchar
a María Callas, que a los Refrescos o a AC/DC... qué
sé yo, las cosas más dispares.
-¿Tiene buena voz?
-Horrorosa, fatal. Yo nunca hubiera podido ser cantante pero
sí un buen músico, bajista, por ejemplo. Además, tengo
mucho sentido del ritmo y muy buen oído. Es curioso porque
muchas veces escucho algo que me gusta y como no me quedo
con el nombre pues voy a la tienda y, ni corto ni perezoso,
la tarareo hasta que el pobre dependiente encuentra lo que
quiero.
-¿En qué momento del día y en qué lugar le gusta
escuchar música?
-Pues antes en cualquier momento, es más, había veces que
a las ocho de la mañana ya tenía la música a todo pastilla
(cualquiera que me oyera pensaría que estaba "zumbao").
Pero ahora, desde que ha nacido la niña, no se me ocurre ni
ponerla por si la despierto.
-Hombre, que para eso están los cascos..
-Pues tiene usted razón.
-¿Toca algún instrumento?
-No. Una vez me compré una guitarra pero nunca he tenido paciencia
para aprender a tocarla. Sin embargo, en el cole me enseñaron
a tocar la flauta.
-¿Le gusta la informática?
-Bueno, no me gusta mucho! De informática el que entiende
es mi hermano Quique que es un fenómeno y te hace lo que le
pidas.
-Sin embargo tiene usted su propia página Web que, por cierto,
es de las más visitadas.
-Sí, pero eso lo lleva mi agencia de comunicación que es estupenda.
Cuando me propusieron hacerla pernsé que como experiencia
podíamos probar. Pero cuando me llamaron para decirme que
habíamos tenido más de un millón de visitas me quedé alucinado.
No cabe duda que utilizando Internet se puede llegar a todos
los rincones del mundo.
-¿Sabe usted navegar por la red o le gustan más los videojuegos?
-Hombre, prefiero leer un libro, pero es que además no se
me da muy bien navegar y le aseguro que no sé jugar a ningún
videojuego. Será porque cuando era pequeño estuve a punto
de convertirme en un adicto a las máquinas. Resulta que mis
padres tenían arrendada un panadería y yo metía la mano en
el cajón y me iba a los recreativos a jugar a los marcianitos,
¡la de dinero que habré dejado yo en esa máquina! Claro que
luego las cuentas de la panadería nunca me salían.
-Hay que ver, maestro, que la imagen que usted da en la plaza
nada tiene que ver con lo que usted en realidad.
-Pues si le digo que el año pasado en Palma estuve una semana
decidiendo si me hacía un tatuaje o no... pregunté a todo
el mundo, a mi mujer, a mi madre... Mi idea era convencer
a mis hermanos para que se lo hicieran ellos primero a ver
cómo quedaba pero al final no me decidí.
-Es usted muy familiar y, sobre todo, está muy pendiente de
sus hermanos ¿no es así?
-Tenga en cuenta que... cuando yo era muy pequeño mis padres
se separaron. Yo dejé de vivir con mis hermanos (me
refiero a los biológicos) y empecé a vivir con otra familia
que tuvieron hijos cuando yo ya tenía diecisiete o dieciocho
años. Entonces era una experiencia que yo no me quería perder
y disfruté de ellos día a día.
-Y aun después de casado sigue viviendo con ellos...
-Bueno, con ellos no. Yo tengo mi propia casa pero la de mis
padres está justo enfrente. Además las vacaciones también
las pasamos juntos. Verdaderamente, yo no sé ir a ningún sitio
sin mi familia y me da la impresión que ellos sin mí tampoco.
Cuando se van a algún lado y yo no voy se pasan el día llamándome
por teléfono. Aunque no sé crea que luego nos pasamos el día
regañando.
-Por último ¿qué balance hace de sus últimas faenas?
-Aunque el comienzo no fue mi bueno a partir de la corrida
de Granada todo han sido éxitos. A pesar de que no soy un
torero muy "orejero," he cortado orejas en Badajoz, Burgos,
Santander, Valencia, La Coruña, El Puerto de Santamaría, Ciudad
Real... Por si esto fuera poco, esta temporada cumplo mi corrida
número 1000 . De manera que el balance no puede ser más positivo.
-Gracias maestro y ¡Qué Dios reparta suerte!
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