En esta sección aparecerán las noticias más relevantes de Joselito y los medios de comunicación.
 
 

"JOSELITO" VUELVE A MADRID
"6 TOROS 6" (22/5/01)
Por José Luis Ramón

El miércoles 23, cuando casi se cumplen tres años desde que hiciera su último paseíllo en Las Ventas, Joselito vuelve a Madrid. En ese tiempo han pasado muchas cosas en la vida taurina de José Miguel Arroyo: una temporada que llevó a trancas y barrancas, una amarga retirada en Sevilla, un año de aislamiento casi total, una feliz reaparición en Castellón, otra temporada desigual y un arranque del año 2001 con voluntad sincera de hacerse oír todavía. Con ese deseo comenzó la temporada, matando seis toros en Vista Alegre en un intento de reeditar sus gloriosas actuaciones en solitario. Y con ese ánimo fue a Sevilla en abril, a sacarse la espina de una lejana corrida que en su momento supuso la culminación de una mala racha, el punto final a una temporada en la que José Miguel Arroyo y Joselito, siempre tan unidos, habían caminado más de espaldas el uno del otro que nunca.
Y así hay que suponer que llega ahora a Madrid, a reencontrarse con una afición que le ha querido y admirado como en la década pasada quiso y admiró a muy pocos toreros. Ese es el reto de Joselito, o el gesto, que viene a ser lo mismo: reaparecer en la plaza de Madrid ­en su plaza, porque es muy suya, aunque esta expresión suene a tópico­ con los toros de Partido de Resina. En esta feria tan llena de gestos por parte de las figuras, no debe pasarse por alto el que cronológicamente es el primero de todos ellos: el regreso de Joselito a Las Ventas con los antiguos ³pablorromeros², unos toros serios y nunca fáciles que miden perfectamente las posibilidades y el estado de ánimo del torero que tienen en frente.
Aunque la encerrona de Vista Alegre se saldó sin éxito, lo mismo que su doble paso por la plaza de Sevilla, la tarde de los seis toros en el coso de Carabanchel dio la medida exacta de algunos de los componentes fundamentales de Joselito, esos que pese al tiempo transcurrido todavía se mantienen inamovibles: su enorme tirón popular, que en Madrid sigue intacto, y su concepto variado del toreo, que se manifiesta en el equilibrio expresivo entre lo considerado clásico y lo señalado como moderno. Es decir, entre el toreo de siempre, que Joselito domina a la perfección, y la vertiente alegre y vistosa de los quites que ejecuta con facilidad y torería.
Aunque en esta revista se ha señalado más de una vez la importancia de José Miguel Arroyo en la evolución del toreo contemporáneo, empezando por las primeras líneas de la crónica de la fabulosa corrida goyesca, hasta llegar a otros análisis más detallados, no está de más recalcar otra vez que Joselito se sitúa en el eje del toreo de la última década del siglo XX, y que su aportación en la renovación de la corrida es bien patente. Lo que Joselito ha hecho siempre no es otra cosa que volver la vista atrás en el tiempo, mirar con detalle lo que hacían con toda naturalidad los toreros de las primeras décadas de la centuria. Es decir: torear con el capote, no tener miedo al qué dirán después de ejecutar un quite que se sale de los anquilosados patrones del clasicismo. Sólo por eso, la presencia de Joselito en una plaza de toros, con toda su carga de liturgia y de respeto hacia el sentido íntimo de esta Fiesta, es ya una buena noticia.
Pero, claro, el diestro madrileño ya no es el mismo que era en 1996, cuando el 2 de mayo cuajó la tarde más completa de la década, ni tampoco es el torero que el 8 de junio de 1998 cortó su última oreja en Las Ventas, en su última actuación en esa plaza. Pero tampoco es aquella sombra de sí mismo que el 26 de septiembre de 1998, vestido de blanco y plata, el mismo terno que estrenó en Madrid el 8 de junio, pisó el ruedo de Sevilla. Los años han pasado, y, al tiempo que probablemente el torero ha perdido frescura, su tauromaquia ha ganado en reposo y hondura. Ese quizá sea el Joselito que nos vamos a encontrar mañana, en esta feria de San Isidro marcada por el indirecto duelo entre José Tomás y El Juli, un abono en el que los toreros veteranos todavía tienen muchas cosas que decir.
El regreso de José Miguel Arroyo a Las Ventas, a su plaza de Las Ventas, ante su público de Madrid, es sin duda uno de los acontecimientos de la feria. Madrid, esta plaza tan difícil para todos, tan imposible para algunos, esta plaza maniática y rara, que a veces gusta de un concepto del toreo, del toro y de la bravura alejados del sentido común, no es nunca, sin embargo, una plaza cualquiera. Entre tantos defectos, Madrid tiene algo maravilloso y fundamental: que cuando en su ruedo ocurre algo bueno de verdad, su afición sabe valorarlo, y son muy pocas las grandes faenas que han quedado sin premio o reconocimiento. Así entendió aquella tarde del 2 de mayo, una corrida en la que todos nos pusimos de acuerdo para decir que en ese ruedo se había producido una fractura crucial en el toreo contemporáneo. Esa es la plaza que mañana espera a Joselito, una afición que sin duda va a saber valorar su deseo de no reaparecer en una tarde cualquiera y con una corrida cualquiera, sino de regresar al oscuro y temido portón de Las Ventas estando anunciado con los legendarios ³pablorromeros². Lo que sea de aquí en adelante ya sólo dependerá del toro, del torero y de que nosotros sepamos verlo.


"NOVILLOS DE LUJO"
"La Vanguardia" 7/5/01.
Por Antoni González

CORRIDA DE NOVILLOS Novillos: 3 de José Miguel Arroyo (1.º, 2.º y 6.º) y 3 de Martín Arranz (507, 484, 481, 477, 537 y 539 kg) Novilleros: Leandro Marcos (ovación, y aviso y vuelta), Iván García (aviso y ovación, y vuelta), Serafín Marín (oreja y aviso) Lugar y fecha: Monumental (6/V/2001). Entrada floja

De haber seguido en la finca, hubieran podido llegar a formar parte de una corrida de toros para figuras, una corrida de lujo: ajustados de peso (muy en el tipo del encaste Núñez), excepto los dos últimos, algo más hechos; de cuernas concisas y abrochadas; escasos de fuerza y de poco juego con los caballos (ya se sabe que en el lujo no es oro todo lo que reluce) y, eso sí, de embestida noble, por lo general pronta y repetitiva, y a veces larga; en fin, reses de excelentes modales para con los toreros, que es lo único que parece contar hoy para que sean aplaudidas en el arrastre.

Ante ellos tuvieron a tres novilleros también muy de hoy: meritorios de escuela urbana y tentadero con canapés, muy diferentes de los de antes, aquellos que salían al ruedo, normalmente con más sueños que alimentos, dispuestos a dejar la piel fuera lo que fuera lo que apareciera por la puerta de toriles. Novilleros, los de hoy, de toreo pulcro, académico, a veces también de lujo, pero que tarda en llegar al público: toreo, en fin, más técnico que emotivo.

Marcos veroniqueó con gusto a su primero, "Guapote" y muleteó a éste (que se abrurrió a media faena) y al cuarto, "Naranjito" (quizá el de más lujo de la tarde), con la mano algo alta, pero dibujando bien los pases en la suerte natural. Despachó a ambos de media estocada, bien colocada en el primer caso y tendida, y precedida de dos pinchazos huyendo, en el segundo.

García, nuevo en Barcelona, como Marcos, apuntó detalles con la capa y más voluntad que acierto con las banderillas (sin duda el mejor par, por dentro, el último que clavó a su primero). A ese segundo de la tarde, "Jacheador", lo muleteó con serenidad, colocando bien la franela, bajando y corriendo bien la mano. Se lo quitó de enmedio de un bajonazo indecente que invalidó su vano intento de dar la vuelta al ruedo. Recibió a "Floristero", el quinto, con una bella larga cambiada. La faena, brindada a Joselito, ayer ganadero, la comenzó con pulcros pases del guardabarrera, para seguir con buenos redondos por la derecha y naturales zurdos, éstos sin cruzarse lo que parecía reclamar el animal. La estocada, delantera y perpendicular, tardó en hacer efecto.

Marín volvió a mostrar sus buenas maneras. A "Enfurecido", el tercero, le toreó al natural por las dos manos, yendo la faena de menos a más. En la última tanda zurda, junto a las tablas, ligó tres pases excelentes, corriendo y bajando bien la mano. Las manoletinas estatuarias (más de Tomás que de Manolete) fueron un buen broche. Lo despachó de una entera perpendicular, algo trasera. Ante "Cotorro", el que cerró plaza (y el que más sentido desarrolló), no pudo lucirse, al no conseguir dominarlo. Acabó con él de media caída tras un pinchazo.


 
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