|
"JOSELITO":
"PREFIERO LEVANTAR PASIONES QUE PASAR DESAPERCIBIDO"
Diario 16 (24/7/01)
Por David Casas
Talavera de la Reina (España). José Miguel Arroyo 'Joselito'
atraviesa su momento más dulce desde que aquel octubre del
98 decidiera poner fin, en Sevilla, a una trayectoria de doce
años de alternativa. Ahora, casado, con la reciente paternidad
de su hija Alba, ha cuajado sus tres faenas más importantes
de la temporada. Granada, Burgos y Soria han sido testigos
del resurgir de Joselito.
-Enhorabuena torero por esas tres tardes. ¿Qué han significado?
-Supone una inyección fuerte de moral y de ilusión porque
ha sido el reencuentro con mi manera de entender el toreo
ya que llevaba quince corridas en las que no me embestía un
toro y llegaba un momento en que no sabía si eran los toros
los que no embestían o era yo el que no hacía bien las cosas.
-¿Cómo viviste las tres tardes?
-El común denominador fue el ritmo y el gusto en las tres
faenas y que según embestía el toro yo dejaba fluir las cosas.
Todo surgía y surgía y en definitiva fueron tres tardes de
mucha creatividad.
-¿Han sido las tardes en las que más a gusto te has encontrado?
-Sí porque de las veinticinco tardes que llevo sólo me ha
embestido el toro de Granada, el de Burgos, el de Soria, uno
por el pitón izquierdo en Castellón y otro de Victoriano del
Río en Sevilla que parecía que iba a ser muy bueno y de pronto
se quedó parado en la muleta.
-¿Cuál te marcó más?
-La de Granada me hizo sentirme muy contento porque hasta
ese día estaba todo muy a la contra.
-¿Ha cambiado algo en tí para cuajar tres tardes consecutivas
tras un comienzo con algunas dudas?
-Nada porque como te digo era una lucha contínua contra los
elementos y eso es desesperante.
-Por eso el comienzo de temporada no fue como esperabas.
-Claro, porque tenía muchas ilusiones en la encerrona de Vistalegre
y las cosas no salieron. A raíz de ahí fui a Castellón donde
estuve bien con la corrida de Salvador Domecq y de ahí para
adelante ha sido un pasear por el desierto.
-En invierno se comentaba que llevabas a cabo una preparación
tremenda llegando a matar incluso veintitantos toros a puerta
cerrada. ¿Por qué esa preparación?
-Porque cuando empecé este invierno me sentía, y me siento,
con la misma ilusión que el primer año, que por eso era lo
del volver a empezar. Fíjate que son quince años de alternativa
pero la ilusión era la del José Miguel Arroyo del 86 que iba
a tomar la alternativa y estaba con unas ganas locas de funcionar.
-Lo de Vistalegre la gente lo entendió como un gesto, la prueba
es que se llenó la plaza. ¿Por qué esa encerrona cuando después
de lo de Sevilla dijiste que ni una más?
-Un poco por eso, por quitar las meigas que había sobre mi
actitud de no volver a matar seis toros.
-A toro pasado se dijo que aquella corrida no era la adecuada
para la ocasión pero, ¿qué conclusiones te llevaste de la
tarde? -Para mi fue muy positiva por mi disposición y porque
hubo momentos en que mis incondicionales, los detractores
digo, estuvieron dale que te pego para ver cómo me minaban
la moral. Pero me sobrepuse a ello y me sentí orgulloso de
estar por encima de esas voces que en otras ocasiones me sacan
de quicio.
-Tras pasar por Castellón, llega Valencia y tu primera ausencia
del año en un plaza de primera. ¿Cómo se queda el cuerpo cuando
ves que, por segundo año consecutivo, te puedes quedar fuera
de las ferias?
-Era una sensación muy desagradable y fastidiosa en la que
se te viene todo encima. Yo el año pasado necesitaba estar
en Valencia, Sevilla y Madrid y no pude por algunas circunstancias
y no quería pasar otro año en blanco.
-Necesitabas estar, ¿te refieres en lo personal o para recuperar
el sitio?
-Más que nada en lo personal, aunque no nos vamos a engañar,
si dejas de estar en activo tu puesto lo ocupa otra persona
y tienes que intentar recuperarlo como sea.
-¿Notaste muy cambiado el escalafón a tu regreso?
-Siempre he dicho que el toreo evoluciona constantemente pero
no me había dado cuenta de qué manera hasta el año pasado.
-Después del varapalo que supuso tu ausencia en Valencia,
llega Sevilla y todo se soluciona, ¿cómo fue el reencuentro
con la Maestranza?
-Fue maravilloso aunque ese día salí jodido de la plaza porque
José Tomás salió a hombros y yo a pie. La segunda tarde salí
con mucha disposición, hice cosas bonitas pero el toro no
quiso rematar la faena. Pero por lo menos se vieron mi disposición
y mis maneras.
-¿Habían cambiado mucho las cosas desde tu último paseíllo
en la Maestranza en octubre del 98?
-No, la plaza estaba en el mismo sitio... pero en mi interior
sí habían cambiado muchas cosas.
-Y luego llega Madrid, dos tardes y dos apuestas fuertes,
Partido de Resina y Adolfo Martín. ¿Por qué?
-Porque el año pasado ya quise matar la corrida de Partido
de Resina ya que me habían hablado que Ordóñez un año vino
a Madrid en la última de feria sólo a la corrida de Pablo
Romero y en mi fuero interno había algo de eso. Me criticaron
diciendo que como no iba a venir hablaba más de la cuenta
pero yo me ofrecí aunque no hubo acuerdo. Vi la corrida y
me gustó y vi también la de Adolfo y opté por estas dos. Yo
pensaba que lo de Adolfo iba a salir de cualquier manera menos
como salió porque a malas podían haber salido peleando para
hacerles una faena de poder pero salió tan insulsa y anodina
que fue un fiasco.
-¿De qué sirvió esta apuesta?
-Sirvió para que la gente viera que no estaba hablando más
de la cuenta porque yo cuando digo las cosas las mantengo
hasta el final.
-¿Con qué sensaciones te fuiste de la Feria de San Isidro
2001?
-No fue un paso malo sino positivo porque hice todo lo que
se podía hacer. Me fui con la cosa de que esos toros no se
comen a nadie y que es más peligroso torear un toro de los
buenos que estos porque a los buenos hay que torearlos bien
pero con estos de cualquier forma vale.
-Esa tarde ocurrió lo que nadie esperaba, que a José Tomás
le devolvieran un toro al corral en Madrid. ¿Comentaste algo
con él?
-No, no son cosas para comentar. Supongo que cada uno tiene
su idea dentro de la cabeza y yo no soy quien para juzgar
porque él es dueño y responsable de sus actos.
-Pero eso no quita para que hableis de otras cosas.
-No creas que hablamos tanto como la gente piensa. Somos amigos
pero no plastas de estar uno con el otro todo el día, nos
vemos, nos saludamos y punto. Es una amistad quizá más sincera
que los que están todo el día dale que te pego.
-Pero la gente quiere saber de vuestra amistad porque parece
todo un tanto misterioso.
-(Risas). Hombre, compartimos cosillas pero tampoco coincidimos
mucho y cuando lo hacemos cada uno va a su aire.
-Bueno y una vez pasado Madrid, has encontrado ese momento
en el que te sientes a gusto delante del toro, ¿que se te
viene a la cabeza?
-Lo que tengo claro es que en cuanto me embista un toro voy
a vaciarme y morirme con él pero al malo no pienso buscarle
las vueltas para cortarle una oreja guarrindonga.
-Esa ha sido siempre tu actitud, a veces criticada, en la
cara del toro.
-Sí pero es que yo veo un toro claro y me da igual que sea
Madrid que la Chimbamba, y viceversa, si no lo veo, ni Madrid
ni nada.
-Cuando volviste a los ruedos la gente decía que si venías
a llevártelo, con el medio toro y a rebufo de José Tomás,
¿qué importancia le das?
-La gente es así y la cabeza de cada uno es libre de pensar
lo que quiera. Ahora dicen que voy a rebufo de José Tomás,
cuando toreaba con Ponce, lo mismo, con Espartaco, con Ortega
Cano, con Litri o sea, que siempre he estado a rebufo de todos.
Pero mira, resulta que tengo lo que tengo, llevo quince años
como figura del toreo gracias sólo al rebufo de los demás,
y yo sin hacer nada...
-Decías en una ocasión que volvías a los ruedos porque te
quedaban muchas cosas por conseguir. ¿Has logrado alguna de
ellas?
-Poco a poco voy viendo esa luz, el sentirme muy a gusto y
cuajar toros con ritmo y cadencia.
-El que cada día vayas logrando más cosas, ¿es una motivación
o, al contrario, cada día está más cerca el final de tu carrera?
-Son las dos circunstancias, te encuentras a gusto porque
vas haciendo lo que realmente te gusta pero cuando te das
cuenta, vas encontrando lo que buscabas y una vez ahí, empiezas
a buscar el ocaso.
-Una de las cosas que más te preocupa es que los chavales
que empiezan vean en tí un espejo en el que mirarse, ¿por
qué? -Desde que comencé a ser torero siempre ha primado en
mí esa idea antes que tener más o menos cosas materiales.
De hecho todas mis discusiones con la cuadrilla y con mi padre
venían por eso, porque me decían que tenía que torear de un
forma más comercial y me ponían de ejemplo a una serie de
toreros y yo decía, estos señores están muy bien, son muy
ricos, pero yo quiero sero como este otro, y que cuando un
chaval empiece diga, yo quiero ser como Joselito.
-¿Y a quién admirabas entonces?
-A Curro Vázquez por encima de todos, que a lo mejor no tenía
fincas, pero yo quería ser como él.
-Han pasado casi tres años desde tu retirada de los ruedos,
¿cómo recuerdas ahora ese momento?
-Fue algo normal tal y como me encontraba en ese momento.
No estaba contento con lo que hacía, las cosas buenas no me
lo parecían tanto, las malas eran fatales y para estar así
delante del toro, sin confianza ni fe, no merecía la pena.
-¿De qué te sirvió todo ese tiempo?
-De mucho porque me conocí como persona ya que desde los 16
años no había hecho otra cosa que torear y no sabía si iba
a ser capaz de ser útil a mi familia.
-El 2000 fue la fecha de tu reaparición, ¿cómo fue ese año?
-Fue un año de mucho miedo por la responsabilidad que asumía
y un poco fastidioso porque en casa estaban todos en contra
hasta que vieron que no había otra opción.
-Llega un momento a mitad de la temporada pasada en que las
cosas no funcionan y se te pasa por la cabeza volver a dejarlo
todo.
-Sí porque hasta junio todo fue bien pero cogí una racha de
diez corridas en las que no me embistió un sólo toro y recuerdo
que viajaba de San Sebastián a Cuenca pensando que si las
cosas no salían bien lo mandaba todo a freir morcillas pero
ahí volví a coger el aire.
-Y este año en cambio, aunque los toros no embistieran estás
más fuerte moralmente.
-Qué va, si este año al matar la corrida de San Pedro Regalado,
en Valladolid, me metí en el callejón y empecé a darle vueltas
y dije esto se acabó, lo mando todo a tomar por culo.
-¿Crees que hay torero para rato?
-Con la ilusión que tengo ahora sí, pero si me lo preguntas
hace mes y medio te habría dicho que no lo sé.
-¿Con cuántas corridas vas a terminar la temporada?
-Con 50 ó 60, mi cifra de siempre.
-Eres consciente de tener tus partidarios y tus detractores,
pero ¿te gusta esa situación?
-Me gusta porque yo el toreo lo entiendo como el amor, que
tiene que ser apasionado, o te odian o te quieren a morir
y en ese sentido me gusta porque va innato conmigo. Prefiero
ser así que pasar inadvertido.
-¿Qué te queda por conseguir en esta profesión?
-Muchas cosas. Donde he toreado a gusto, repetirlo, y donde
nunca lo he hecho, hacerlo. Una espina que tengo clavada es
triunfar en la plaza de Lima y volver a La México; además
en San Sebastián y en Guadalajara (México) son las únicas
plazas donde no me he sentido torero y lo tengo en la cabeza.
-¿Qué tardes recuerdas con más cariño?
-El día que tomé la alternativa y el día de mi confirmación
porque eran mis dos sueños desde que tenía 10 años, cuando
empecé a querer ser torero.
-Y ¿qué tardes recuerdas como las más toreras?
-En Ronda un año, el rabo en México, los seis toros de Madrid
y en Sevilla, donde siempre me he sentido respetado.
-Acabas de ser padre de una niña, ¿qué supone para tí?
-En el plano personal es algo muy bonito pero artísticamente
ni me ayuda ni me perjudica porque yo estoy enamorado de mi
profesión, de mi mujer y de mi cría y tengo muy separados
los terrenos
. -¿En qué te ha cambiado la vida?
-En que duermo menos que antes porque la niña llora más que
la puñeta, y que ahora uno cambia pañales y esas cosas.
|
|
"JOSELITO",
AÑO 15
6 TOROS 6 (10/7/01)
Por José Luis Ramón
Catorce
años y quince temporadas. Ese el tiempo que lleva Joselito
como matador de toros. En el 2001, José Miguel Arroyo ha vuelto
a realizar su toreo hondo y asentado, con grandes faenas en
Granada, Burgos y Soria.
-Este año se cumplen tus quince temporadas como matador
de toros. ¿Cómo ha pasado este tiempo?
-Lo he vivido día a día, pero, al mismo tiempo, todo ha pasado
muy rápido. Miro para atrás y algo que parece cercano pasó
hace ya catorce años. Afortunadamente, he conseguido muchas
más cosas de las que quería; el toreo es bonito y duro, claro
que sí, pero hoy en día no regalan nada a nadie. Cualquier
profesión es dura y ésta, que también lo es, en mi caso personal
ha sido muy gratificante.
-Te doy cuatro claves de este tiempo: quince temporadas de
matador de toros en las ferias, quince tempradas en las que
te has convertido en figura del toreo, quince temporadas en
las que has logrado ganar dinero y ser ganadero, y quince
temporadas con momentos amargos, como la corrida de Sevilla
del 98 o las cornadas.
-Ha habido de todo, es verdad, pero esos momentos amargos
son los que menos cuentan, aunque sea de los que más se aprende.
En este tiempo he tenido muchos sinsabores por mi forma de
ser, porque soy sensible y me afectan muchas cosas que se
traslucen en la plaza. Son quince temporadas de experiencias
acumuladas y, la verdad, estoy contentísimo por todo. -Si
recuerdas, en la entrevista que te hice en vísperas de tu
actuación en solitario en Vistalegre, me dijiste que ahora
mismo eres un torero en búsqueda. Ese torero que estabas buscando,
¿lo has encontrado en Granada, Burgos y Soria?
-En cierto modo, y en algunas ocasiones, sí. Ese torero se
semeja a lo que voy buscando, aunque no todos los toros colaboran
ni permiten torearlos como se desea.
-No sé si consideras que ha habido alguna más, pero las faenas
realizadas en esas tres plazas parece que por el momento son
las cimas de tu temporada.
-Es que nada más que me han embestido esos tres toros. No
sé si son diecisiete o dieciocho las corridas que llevo toreadas,
y en las catorce primeras no me había embestido ni uno. En
Castellón, uno fue bueno por el pitón izquierdo; en Madrid,
un toro de Pablo Romero tuvo cuatro arrancadas por ese mismo
lado, y en Sevilla el de Victoriano del Río, que se apagó
pronto. El resto, absolutametne nada.
-Es decir, que cuando te salió el primer toro bueno de verdad,
te encontraste la primera faena grande la temporada.
-Así es, esa es la conclusión que debemos sacar, y además
sin que parezca que me estoy justificando, porque los hechos
son los hechos.
-Me han dicho que la faena de Granada está a la altura de
las más grandes tuyas.
-No lo sé, me es muy difícil decirlo; lo que sí es cierto
es que me sentí muy a gusto, pero yo no sé si es mejor o peor
que otras. Tuvo mucho ritmo, empaque y son, y hubo comunión
entre las tres partes, toro, torero y público. El de Parladé
embistió bien, aunque al principio, con el capote, hizo un
amago de pararse, luego empezó a romper y me encontré bien
con él. Sobre todo destacaría que hubo mucho ritmo y que el
toreo me salió muy fluido; no había nada preconcebido, sino
que todo iba surgiendo muy bien, y no como otras veces, que
aunque lo intentes, hay enganchones que lo estropean.
-En las imágenes de televisión me pareciste un torero muy
caído de hombros y hundido de riñones.
-Sí, mi toreo siempre lo he basado en... yo no diría agacharme...
-Yo tampoco quería darlo a entender, sino que estaba hablando
de relajamiento, de abandonar los hombros y la cintura. -Exactamente,
se trata de eso, de abandono en el trazo del toreo.
-La faena de Granada fue de dos orejas, y también la de Burgos.
-Ese toro, de Juan Pedro Domecq, también fue muy bueno, y
aunque hizo mucho viento, ese día surgió un toreo muy desmayado
y metido para adentro, y casi ni noté el aire.
-Y luego Soria, con el doble triunfo como torero y como ganadero.
- Ahí triunfé con un toro de mi ganadería, bastante bravo
y que, por ponerle una pega, diría que le faltó algo de recorrido.
También hizo viento, y cuando me distanciaba del toro para
perderle un paso, me hacía algo de hilo. Esa fue una faena
de mucha facilidad y empaque, tanta que incluso Juan Cubero,
mi banderillero, al finalizar me recriminaba que había estado
demasiado fácil con el toro. Y quizá sí, tenía razón, pero
tampoco iba a poner cara de loco y hacer aspavientos; mi forma
de torear es ésa.
-Estás en la temporada quince como matador de toros, en la
que hay un Joselito distinto, que tiene menos prisa o urgencia
en conseguir el éxito. No sé si va por ahí la búsqueda que
me decías, pero sí es el torero que pisa los ruedos.
-En cierto modo eso es lo que se refleja, aunque estas tres
tardes son también producto de lo mal que lo he pasado en
otras corridas anteriores. No lo sabe nadie, pero han sido
catorce corridas de toros con un toro malo, y otro peor, y
otro, y otro... Y ya llega un momento en que me metía en mi
plaza a entrenar, y hasta empezaba a dudar de si era el toro
el que no embestía o era yo el que no me colocaba bien...
no sé, de verdad que ha sido una locura, hasta que salió el
toro de Granada y vi que no se me había olvidado torear, y
se produjo como un reencuentro con el toreo.
-Como siempre ocurre, esas catorce tardes sirvieron a tus
detractores para explicar que ya estabas acabado.
-Es normal que lo digan. Además, yo no soy un torero nada
orejero, estadísticamente soy muy malo, porque ni corto orejas
todos los días ni soy el típico que va de simpático... Por
mi forma de ser, cuando las cosas no salen bien estoy muy
mal delante del toro, y por eso es normal que los que me quieren
menos se froten las manos y se les afile el diente, pero también
hay que dejar vivir a los enemigos, ¿no?
-Hubo otra media faena en Vistalegre, en la Feria de San Antonio.
Digo media porque el toro se rajó de golpe, y se fue corriendo
hacia las tablas. Hasta ese momento, sin embargo, había tenido
buen nivel.
-Antes de Granada esa faena que me dio ánimos, y comencé a
ver la luz y a darme cuenta de que era capaz de estar bien
con los toros. No se trata, evidentemente, de no ser capaz
de estar delante, si no de dudar si vales para enganchar un
toro bien. -¿Qué reflexión haces de tu paso por San Isidro,
con dos corridas duras que no estuvieron a la altura que se
esperaba de ellas?
-Fue una lástima que el segundo toro de Pablo Romero durara
tan poquito, porque después de la primera tanda con la izquierda
pensé que el animal iba a caminar y que la faena iba a ser
de éxito. Pero la corrida que me dejó perplejo fue la de Adolfo,
porque yo pensaba que los toros iban a arrear más.
-Que os iba a crear algún problema, por lo menos.
-Fue la antítesis de lo que esperas, porque si sale un toro
bueno que humilla, le puedes torear bien; y si sale uno con
complicaciones, por lo menos te permite meterte con él y resolverlas.
Mi cabeza, sin embargo, no estaba preparada para que me salieran
dos toros tan sosos, parados e insulsos como esos.
-Sé que es muy pronto, y que falta un año entero, pero ¿volverías
a repetir en Madrid la experiencia de anunciarte con ese tipo
de corridas?
-Hombre, donde pueden embestir los toros es en las ganaderías
buenas, eso está demostrado. Yo puedo matar esas corridas
duras, y de hecho las mato con la gorra, sin ningún problema,
e incluso paso menos miedo con esos toros que con alguno de
los que dicen que son facilones y comerciales, porque en estos
tienes que ponerte treinta veces para que la gente vea que
no sirven, y a los otros te los puedes quitar de enmedio mucho
antes. Respondiento a tu pregunta, te digo que sí las mataría,
pero que tengo que ver antes cosas.
-¿Qué cosas?
-Fundamentalemente, el desarrollo de su temporada. Este año,
los toros de Adolfo, desgraciadamente para él, no están embistiendo,
o por lo menos no están saliendo como se espera. De Pablo
Romero sí me gustaría volver a torearla, porque aunque a la
corrida de Madrid le faltó fuelle, poniéndola más motor pueden
salir toros que sirvan.
-Otra decepción fue la corrida de los seis toros de Vistalegre.
-Aunque la gente no lo crea, esa tarde yo salí contento, y
así lo dije en el programa de Carlos Dávila. Aunque había
sido un fiasco porque yo pensaba que iba a cortar catorce
orejas y dieciséis rabos, y no fue así, y no corté ni una
oreja, salí contento porque la gente había estado dos horas
en la plaza y creo que no se aburrió en ningún momento. Me
sobrepuse al cierto mal ambiente que crearon cuatro o cinco
personajes, y di el espectáculo que podía dar con los toros
que tuve enfrente.
-Y algo muy importante: tu poder de convocatoria. Allí estaban
tus partidarios de siempre para llenar la plaza. -Afortunadamente
así es, mantengo a mis partidarios, que van a verme; pero,
como se pudo ver, también a los detractores, que van al fin
del mundo.
-Esa corrida me recordó, en muchos de sus aspectos, sobre
todo en la selección de toros, a la que también en solitario
mataste hace años en San Sebastián de los Reyes.
-Es cierto, lo que ocurre es que aquella sí fue culpa nuestra,
y en ésta, y no lo digo para eludir responsabilidades, nosotros
les pedimos a los ganaderos el toro que ellos creyeran que
tenía nota y hechuras para lidiarlo en Vistalegre. Ellos son
los que eligieron los toros, y nosotros el nuestro, que fue
un desastre.
-Este año se ha producido el reencuentro con las corridas
televisidas, y parece que ha sido en los términos que planteabas.
-Para mí estaba claro que en el momento en que no me impusieran
nada, yo iba a acceder. Eso era lo que yo pedía, que hubiera
diálogo sin imposición, y en Sevilla y Madrid ha habido las
dos cosas.
-Vuelves a Valencia, después de varios años.
-Y fíjate qué curioso: la última vez que toreé corté dos orejas
en la Feria de Julio, y no he vuelto a torear, hasta ahora,
dentro de unos días. Y me ilusiona volver, pues aunque es
territorio de los valencianos, en esa plaza me quieren y me
respetan mucho.
-Además de las cuatro claves de tus quince temporadas como
matador de toros, hay otra más: te has casado y has tenido
una hija. Ponte un momento tierno y dime cómo la miras.
-Depende de la hora que sea y de cómo se comporte. Cuando
se pone a llorar por la noche la miro que casi me la comería;
luego, con cariño, con ilusión y con miedo, porque me parece
tan frágil...
Ganadero y, sobre todo, torero
Compró la ganadería mucho antes que el coche o la casa, y
desde entonces ha ido aprendiendo un profesión que le parece
dificilísima. Su trabajo en el campo, sin embargo, está comenzado
a dar sus primeros buenos frutos.
-Como ganadero has tenido un éxito importante en Soria, con
la vuelta al ruedo que se dio al toro de Manuel Caballero.
Esas corridas sirven, supongo, para ver que estás trabajando
en la dirección buena.
-Es ver realizado un sueño, porque como ganadero sí que sufres
sinsabores. Dejas vacas buenas que resultan que no ligan,
y pasa un año y otro año... El toro que toreó Caballero fue
bravo, y de hecho le pidieron el indulto. El primero mío también
fue bueno, y el otro de Caballero, que se paró, y uno de Finito;
también hubo dos toros malos.
-En una entrevista reciente que le hice a El Viti, que se
ha publicado en "Campo Bravo", me decía que es mucho más difícil
ser buen ganadero que ser buen torero.
-Estoy convencido, José Luis, de que el maestro tiene toda
la razón del mundo. Como torero cuentas con tus posibilidades,
y sabes hasta dónde puedes llegar y cuáles tus miedos y tus
valores. Pero siendo ganadero te pierdes, porque la genética
es tan caprichosa que de un toro y una vaca buenos, pueden
salir crías que son un petardo. Y viceversa. Ser ganadero
es muy complicado.
-¿Le dedicas mucho tiempo a la ganadería?
-Me muevo un poco a impulsos, porque por encima de todo soy
torero, y aunque vaya a la plaza a ver lidiar mis toros y
novillos, sigo siendo torero. En la finca, cuando salgo a
correr para prepararme físicamente, paso al lado de las vacas
y ni las miro, las veo.
-Sin embargo, eres ganadero desde casi nada más tomar la alternativa.
-Al año siguiente del doctorado, compré la ganadería. Antes
de comprarme un coche, o una casa, adquirí las vacas. Después
vino el coche y, poco a poco, la finca.
-Lo primero que comprasteis pertenecía a Paquirri, y luego
ya se fue sustituyendo por la actual descendencia Domecq.
-Lo primero de todo fueron dos camadas de eralas de Paquirri,
que en paz descanse, cuando aún yo no tenía ni hierro ni nada.
Luego, vino lo de Lora Sangrán, que era un octavo de la ganadería
de Carlos Núñez; finalmente, en 1993-94, comencé a comprar
animales de Jandilla, El Torero, Los Guateles, Hermanos Sampedro...
todo lo que a mí me gustaba.
-¿Cuándo os hicisteis con los dos hierros?
-Cuando compré la ganadería a Lora Sangrán también adquirí
el hierro del "1", que había sido de Luis Miguel Dominguín.
Hubo, sin embargo, un problema de registro, porque un señor
del Perú, o del Ecuador, tenía patentada esa marca, de ahí
que cambiase e hiciera el hierro del castillo.
-El año pasado triunfaste como ganadero en Barcelona con una
novillada muy brava que se llevó todos los premios de la temporada.
-También lidiamos en Barcelona una corrida bastante aceptable
de juego, y llevamos otra a Tarazona de Aragón, en la que
le dieron la vuelta al ruedo a un toro; y lidiamos otra en
Hellín en la que Pepín Jiménez, Caballero y yo le cortamos
cinco o seis orejas. Y también varias novilladas buenas más.
Este año hemos llevado una novillada a Valdemorillo y otra
a Vistalegre, que salieron buenas en general, y dos más a
Barcelona, en las que han salido novillos con calidad. La
verdad es que la temporada va bien.
-Y qué da más satisfacciones: ¿cuajar un toro o que embista
uno con bravura y clase?
-Son sensaciones que no tienen nada que ver, pero yo me quedo
con cuatro o seis lances rematados luego con media verónica,
y con ocho o diez muletazos. Aunque la verdad es que ver embestir
un toro da muchas satisfacciones; el otro día, cuando estaba
toreando Caballero, pensaba que era una maravilla, y que si
además le hubieran indultado... eso tiene que ser divino.
-Dicen que los toreros no suelen ser buenos ganaderos porque
seleccionan más como torero que como ganadero. Respecto al
momento de tomar decisiones, ¿te ocurre que eres más matador
que criador de toros?
-No sé si tengo la capacidad para pensar distinto cuando hago
un tentadero, pero lo que sí me gusta es que el ganado se
mueva, que obedezca, pero que no sean demasiado facilones.
Me gustan que mis animales tengan singularidad embistiendo.
Sé que eso a veces es complicado para los toreros, porque
si se mueven demasiado te vuelven loco.
-¿Intentas críar el toro que te va como torero?
-En mi caso sí que me gusta hacerlo así. Compré la ganadería
hace trece o catorce años, pero he empezado a saber cómo quería
que embistieran mis animales hace seis años; antes, iba al
tentadero, me gustaba mucho, pero necesitaba un aprendizaje.
-¿Estás ya en un momento de ideas claras?
-En saber la embestida que quiero para mis animales, sí; en
conseguirlo, si esto fuese el abecedario, estoy todavía por
la "b". -La ganadería está muy centrada en tu propia preparación
y entrenamiento.
-Es verdad, aunque procuro corresponder con todos los compromisos
que tengo. Ahora mismo, es cierto que la ganadería está funcionando
para servirme a mí; lidiamos corridas enteras, pero si hay
que echar remiendos aquí o allá, no nos importa llevar animales
sueltos.
-¿Es bueno o es malo que casi siempre tiente el mismo torero,
en este caso tú mismo? ¿No hay excesiva uniformidad en la
manera de ver las becerras?
-Nunca me lo había planteado, y ahora que lo dices sí es cierto
que puede tener cierto carácter de uniformidad, y quizá sea
bueno, porque mi intención es fijar algún carácter en la ganadería.
No obstante, después de torear, me gusta ver a las vacas con
otra persona, porque así puedo apreciar cosas que toreando
quizá se me escapan, como la forma de humillar. El otro día,
Finito me decía que mis toros obedecen mucho por abajo, y
que por arriba son más cortos; y es verdad, y eso se debe
sin duda al criterio que empleo en los tentaderos y en la
selección de las becerras.
Joselito, hoy
La trayectoria de Joselito hizo crisis en la plaza de Sevilla
el 26 de septiembre de 1998. A partir de ese momento, y tras
un periodo de más de un año alejado de los ruedos, surgió
un nuevo Joselito, el actual Joselito. Sin que el torero madrileño
lo buscase premeditadamente, aquella retirada supuso en José
Miguel Arroyo la aparición de un torero más maduro. No se
trata, evidentemente, de una madurez en la cara del toro,
ni tampoco de un reposo estético o técnico, porque todo eso
ya lo había alcanzado Joselito muchos años antes. Se trata,
simplemente, de una manera distinta de afrontar el toreo,
de una actitud alejada de cualquier tipo de prisas por alcanzar
el éxito. Es cierto que el diestro nacido en la calle Montesa
nunca buscó el triunfo si éste debía llegar renunciando a
su actitud estética y ni a sus registros éticos; pero también
lo es que, como él mismo dice, José Miguel se haya inmerso
en la búsqueda de un nuevo torero, ése que lleva dentro y
que todavía puede dar muchas tardes de gloria. Como las recientes
de Granada, Burgos y Soria.
|