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LA
APUESTA DE "JOSELITO"
(6/2/01).
6TOROS6 nº 345.
Por JOSÉ LUIS RAMÓN. Foto: ALBERTO SIMÓN
Joselito ha decidido apostar fuerte en el inicio de temporada:
el próximo día 4 de marzo se encerrará con seis toros en la
madrileña plaza de Vista Alegre. Seis toros otra vez, un festejo
talismán para José Miguel Arroyo, una corrida que el torero
afronta con ilusiones renovadas. Dice de sí mismo que se siente
como cuando tomó la alternativa, con las mismas ganas y con
idéntica ilusión. La apuesta de Joselito en el 2001 no es
pequeña: comenzar desde el 4 de marzo poniéndose en su sitio.
Diciendo algo así como “aquí estoy, y estoy solo”. Y el que
quiera entender que entienda.
Joselito ha comenzado muy fuerte y muy pronto el entrenamiento.
A mediados de noviembre inició la preparación física, que
se ha intensificado durante los meses de diciembre y enero;
luego, a mediado de este mes, arrancaron los tentaderos. En
su casa de Prado del Arca, en Talavera de la Reina, con el
picador y el novillero Juan de la Reina, que le ayuda a colocar
las vacas en el caballo, y que luego torea por detrás del
matador, José Miguel Arroyo se encierra muchos días con seis
becerras él solo, a las que hace seis lidias completas, tres
quites distintos a cada una, y finalmente una faena de muleta
que dura casi media hora. El último día de enero, Joselito
comenzó el tentadero a las cuatro de la tarde y no paró hasta
tres horas después. Y en ese tiempo, disfrutando con las vacas
buenas y enfadándose con alguna que no lo fue, el diestro
madrileño sudó a chorros, porque enero quiso despedirse en
Talavera con un día primaveral. Salió el sol y la temperatura
superó los 15 grados centígrados, un auténtico regalo para
un campo sobre el que tanta agua ha caído estos días pasados.
En las seis vacas, Joselito hizo literalmente de todo, con
el capote y con la muleta, del derecho y del revés, por alto
y por bajo. Así, hubo diferentes inicios y finales de faenas,
toreo con el compás abierto y con los pies juntos y muchos,
muchísimos quites y remates: saltilleras, tapatías, tafalleras,
tijerillas, crinolinas, rogerinas estáticas (un quite de su
invención al que pronto debe bautizar), cordobinas, gaoneras,
naturales con el capote, brionesas, serpentinas, caracolinas,
verónicas, lances con los pies juntos, medias verónicas normales
e invertidas, faroles... es decir, una tauromaquia completa
en sólo tres horas de tentadero. Y también mucho toreo, con
la izquierda y con la derecha, un toreo hondo y profundo,
sentido y vital, como hacía mucho tiempo que no le veía. Si
éstas son las credenciales que presenta de cara a la apuesta
de Vista Alegre, desde luego que son inmejorables. Terminado
el tentadero, y mientras a las ocho de la tarde se comía un
plato de cocido madrileño, su única comida del día (además
de la manzana que entre unas cosas y otras sólo había podido
tomar en el almuerzo), Joselito se dispuso a contentar un
buen puñado de preguntas. La primera era obvia:
—¿Por qué matas seis toros en Vista Alegre como arranque de
temporada?
—Porque me hacía ilusión. Cuando comencé a tomar conciencia
de la preparación de este año, en mi mente estaba la idea
de matar seis toros, porque después de lo de Sevilla juré
y rejuré que nunca más iba a encerrarme con seis toros, y
quieras que no, era algo que tenía pendiente dentro de mí.
Pensaba que porque un día surgieron las cosas al revés, y
porque aquella corrida fuera motivo para dejar de torear,
tampoco debía tomar esa decisión tan rotunda. En realidad
es un prueba interior, una manera de lograr que me ilusione
mucho más.
—Eso te iba a decir, pues aunque a lo largo de tu carrera
has tenido grandes tardes matando seis toros, la última experiencia
no había sido buena. El último recuerdo, por decirlo así.
¿Esta corrida de Vista Alegre es, por tanto, una manera de
enlazar con aquella historia que se quedó pendiente en Sevilla?
—Esa podría ser la lectura, estoy de acuerdo. Aquel día lo
afronté con mucha ilusión, aunque luego todo salió al revés;
en esta corrida de Vista Alegre tengo aún más ilusión y voy
a intentar borrar aquel mal recuerdo.
—¿Eres un torero distinto a aquel que salió de la plaza de
Sevilla?
—Totalmente. Lo que me hizo tomar la decisión fueron unas
circunstancias que rodearon la corrida del día anterior en
Valladolid. Yo sabía que ocurriese lo que ocurriese en Sevilla,
ese día iba a dejar de torear. En el año 2001, del José de
entonces al de ahora hay mucha diferencia en cuanto a la ilusión;
además, estamos al principio de temporada, y aquello era ya
en septiembre; toreé la corrida de Sevilla no por inciativa
mía, sino porque la empresa me dijo que para torear tantos
festejos debía ir a San Miguel, y ahí se planteó la posibilidad
de matar seis toros. Y esta corrida de Vista Alegre ha surgido
porque a mí me apetece realmente torearla.
—Siempre se ha dicho que de las corridas de seis toros que
has matado, han salido bien las que tú has planeado y regular
o mal las que han surgido por las circunstancias.
—Es verdad. No me salieron bien las corridas de San Sebastián
de los Reyes, en la que no hubo imposición pero que tampoco
fue decisión mía; la de Málaga, que la toreé porque José Luis
Marca, que era el empresario, me pidió el favor y como es
amigo mío yo accedí; una en Dax, porque Rincón estaba herido,
otra más en Alicante por cogida de Litri, y aquella última
de Sevilla.
—Positivas podemos recordar la Beneficencia de Madrid, el
2 de mayo en esa misma plaza, la de Valladolid...
—Y Zaragoza, y Nîmes...
—Matar seis toros es una corrida muy especial, que reúne también
unas características muy concretas. Las dos primeras, preparación
y mentalización.
—Aparte de eso, yo creo que lo más importante es lo que me
dijeron en casa la primera vez que decidí matar seis toros,
en la Beneficencia de 1994: “no lo hagas, porque vas a aburrir
a la gente”. En este tipo de corridas debes plantearte que
al público hay que tenerlo dos horas entretenido, y para eso
hay que ser muy variado y procurar que, aunque siempre haya
naturales y verónicas, que todo lo demás sea distinto. Esa
es la idea que siempre he tenido en la cabeza cuando me he
planteado matar seis toros.
—En ese tipo de corridas, sin variedad no hay éxito.
—No es igual ceñirte a dos toros que poder desplegarte en
seis animales, siempre que te den opciones. Si sale al revés
pues resulta tedioso para el público y al torero le desilusiona
enormemente. Pero si los toros te dejan, es un tipo de corrida
maravillosa, porque puedes hacer todo lo que llevas dentro.
Y das a entender que el toreo es mucho más extenso que lo
que normalmente se ve y se hace.
—Hemos hecho una lectura de la corrida de Vista Alegre como
del reencuentro con la historia que quedó pendiente, pero
podríamos hacer otra distinta: se trata de una manera de mostrar
tus credenciales al principio de temporada.
—Claro, porque me han criticado que he venido a llevármelo,
que he toreado a la sombra de José Tomás, que estoy muy cómodo
y que venía a darme un paseo; y el año pasado para mí fue
muy duro, y tuve que luchar todos los días a cara de perro,
a mi forma y a mi manera, pero a cara de perro, y había días
que estaba muy bien y otros en que pegaba petardos sonados,
como he sido siempre. Y este año pensé que había que hacer
algo diferente. Lo más importante es que mi mente, hoy en
día, en el año 2001, la tengo como si fuese el año 86. Ahora
mismo me traspaso a José Miguel Arroyo, el chaval que quería
comenzar a ser torero, que quería arrollar y comerse a todo
el mundo; ahora mismo, salvando el paso del tiempo y de la
evolución y experiencia adquirida, la ilusión sigue siendo
la misma. Lo que más me agrada es que dentro de mí está el
mismo espíritu de sacrificio e idéntica ilusión por intentar
hacer las cosas a tope.
—Luego hablaremos del año pasado y de José Tomás, pero antes
quiero seguir conversando de la corrida del 4 de marzo. Ese
día tienes que estar con la misma preparación que en otro
momento podías tener unos meses después.
—Y además es la primera corrida que voy a torear este año,
sin precalentamiento de ningún festival ni nada de nada. Este
de hoy ha sido el cuarto tentadero que hago, porque ha llovido
mucho y no se podía torear. Sé que físicamente estoy preparado,
y aunque no es lo mismo torear una becerra que ponerse delante
del toro, también me siento bien psiquícamente. La embestida
y el miedo son otros, y no es lo mismo un toro con las puntas
cortadas en tu casa, a puerta cerrada, que un toro intacto
y con veinte mil personas sentadas en el tendido. Pero aun
salvando estas distancias, me encuentro muy bien. Y si estoy
mal, porque puedo estarlo, cómo no, no será porque no esté
preparado y mentalizado; si estoy mal no lo voy a achacar
a que no esté preparado, y la razón será que no he sido capaz
de resolver aquello.
—Hoy hemos visto un tentadero de seis vacas, con seis lidias
completas, con muchos quites muy distintos y unas faenas muy
largas. ¿Van a ser así todos los tentaderos?
—Sí, eso es lo que intento, y de hecho los tentaderos que
llevo son muy intensos. Primero hago una tienta normal, y
una vez que la vaca está vista en el caballo, hago dos o tres
quites. Con la muleta voy buscando colocaciones y distancias,
y si me permite torear bien, pues procuro torear bien, y si
no, pues poderlas y dominarlas. Casi nunca las acabo, porque
luego sale Juan de la Reina, que necesita torear, y no voy
yo a dejárselas sin un pase. A mí no me hace falta y a él
sí.
—Me ha llamado mucho la atención la gran cantidad de quites
diferentes que has hecho. Y uno que podríamos llamar rogerinas
estáticas, totalmente inédito.
—Surgió el otro día en casa, en una tarde lluvia, y la verdad
es que si sale con un toro, va a ser espectacular y muy bonito.
Lo hice primero entrenando y luego en los tentaderos, y siempre
que aguantes el tirón del toro, resulta muy espectacular.
—Estos tentaderos son un auténtico laboratorio, en los que
estás tú solo contigo mismo.
—Siempre estoy yo solo con Manolo, el picador, y con Juan,
que me ayuda a ponerlas al caballo. Los tentaderos primero
los enfoco como ganadero, porque aunque me encante torear
siempre quiero ver el movimiento del animal, y su comportamiento
en el caballo. Después, ya me desfogo con la vaca como torero.
—Hablemos ya del resto del año. Es seguro que no vas a Valencia,
nada se sabe aún de Castellón, pero ¿qué pasa con Sevilla
y Madrid? ¿Cómo está este tema y cómo está el de la televisión,
que es el fondo verdadero de la cuestión?
—Desgraciadamente, ya es un hecho que no voy a Valencia. A
Sevilla hay muchas posibilidades de que sí vaya, y Madrid
supongo que si los empresarios tienen a bien contratarme y
tienen disposición verdadera de contratarme, llegaremos a
un acuerdo.
—¿En San Isidro con televisión?
—Con televisión y sin ella. Siempre he dicho que quiero que
se siente televisión a hablar, como siempre han hecho, sólo
que entonces eran muchas menos corridas. A mí lo que me molesta
del tema de televisión es la imposición, o quieres esto y
vienes, o no vienes. El año pasado estábamos de acuerdo con
Roberto Espinosa para torear en Valencia José Tomás y yo una
corrida mano a mano el día 18 sin televisión, pero llegó la
cadena que daba las corridas y dijo que no, que esa corrida
no se hacía. Yo no me opongo a que me televisen, pero sí me
opongo a que si toreo sesenta corridas y me televisen veinticinco.
Si voy a Madrid tres tardes, quizá me interesen que me televisen
una, dos o las tres, pero siempre que sea yo quien lo decida.
Mi idea es que nos sentemos a hablar.
—¿Y si las televisiones dicen que no se sientan a hablar con
los toreros, porque sus interlocutores son los empresarios?
—Entonces sería muy difícil que torease en Madrid y en Sevilla,
porque sería de nuevo pasarte por la piedra y hacer lo que
les diera la gana. Yo pienso: ¿para qué estoy entrenando desde
las ocho de la mañana si pasado mañana llega un señor y me
va a decir, tú haces esto porque me da a mí la gana? ¿Qué
hombría tengo yo y qué respeto me tienen a mí si no pinto
nada aquí? A veces llego a planterme si los toreros y los
toros no somos los actores más importantes en esta fiesta,
y que quizá lo sean más la televisión y las empresas. Quizá
estoy equivocado, y soy un quijote y un romántico, pero concibo
la vida, la historia y el toreo de otro forma. Taurinamente
me educaron así en la Escuela, y no voy a cambiar. No me sentiría
bien si me dejase dominar. Además, si con 17 años, tieso como
una regla, me ofrecieron una exclusiva de 150 millones de
pesetas por cincuenta corridas de toros, y dije que no porque
pensé que quizá teniendo eso ya no me iba a exponer. Pues
ahora pienso igual: si voy a ir a lo fácil, para eso me quedo
en mi casa y toreo una becerrita cuando me apetezca. Lo que
me choca un montón es que hablas con un empresario y te da
la razón, nos dice que tenemos que defender nuestros derechos;
uno a uno te dan la razón, pero cuando se juntan los empresarios,
ya no te dicen lo mismo. Y con las televisiones pasa igual,
hasta que se juntan con los empresarios.
—Antes me has hecho una valoración de cómo fue la temporada
desde el punto de vista taurino. Pero, respecto al tema de
la defensa de vuestras decisiones, ¿cómo fue: se ganó o se
perdió la batalla?
—Yo no hablaría de ganar o perder la batalla. Por lo que a
mí respecta, estoy contento. Sufrí bastante, porque el tema
del no a la televisión es muy impopular, pues hay mucha gente
que no puede verte en la plaza, y a esos espectadores les
fastidias, porque tampoco pueden verte en televisión. El tema
era muy impopular, y en muchas plazas noté un gran descontento;
sin embargo, quedé a gusto: mantuve mi postura, acertada o
equivocada, no lo sé, porque no he hecho una valoración en
ese sentido, pero por lo menos no me han manejado. Desde ese
punto de vista me siento contento; aunque otras veces pensaba
que era tonto, porque había que ver la cantidad de “pasta”
que me estaba dejando al cabo del año y, la cantidad de cabreos
que cogía porque la gente se metía conmigo en cuanto las cosas
no salían bien. La gente estuvo mal informada, y pensaba que
no queríamos televisión, o que pedíamos más dinero, y no fue
nada de eso; se trató de una postura ética, nada más. Por
eso, desde este punto de vista, estoy contento; ahora bien,
si lo analizas crematísticamente, fue absurdo, aunque también
pienso que el toreo no es sólo dinero.
—Se te acusó el año pasado de torear a la sombra de José Tomás.
Ahora que parece que esto se va a romper, qué análisis haces:
¿fueron demasiadas corridas juntos? ¿te tapó o te arropó?
¿qué reflexiones has hecho sobre este tema?
—Ni beneficiarme ni perjudicarme, porque cada uno hemos dado
lo nuestro. El año pasado, José Tomás estaba que se salía,
y todo le salía bien, porque lo veía muy claro; y yo no, yo
iba a mi ritmo. Sí debo reconocer que me desmoralizaba un
poco que él cortase orejas y rabos todos los días y yo no,
pues ya sabes que para cortar una oreja necesito Dios y ayuda.
Eso era para mí un poco fastidioso. Sin embargo, el día que
estaba mejor que él y le podía zurrar la badana, me sentía
contentísimo. Yo creo que la reflexión debe ser positiva,
pues aunque como torero había días en que me fastidiaba mucho
cómo estaba, sin embargo como aficionado he disfrutado mucho
viéndole torear. En cualquier caso, cada uno marcamos nuestra
forma de torear, y eso es lo más importante, pues aunque procedemos
del mismo tronco y somos muy parecidos en el concepto del
toreo, al final hay cosas muy diferentes.
—Sin embargo, la idea que se dio es que fuiste muy arropado
por José Tomás.
—Esa era la idea que se daba, pero no fue nada buscado. A
las empresas les interesaba económicamente, y por eso coincidimos
muchas tardes, e incluso les era más fácil encajarnos en la
misma corrida. Este año, y todos los que estemos los dos apoderados
por Enrique, coincidiremos donde haya que coincidir, y donde
no, pues iremos por separado.
—Esta idea enlaza con el principio de la conversación: ¿podemos
decir que vas a Vista Alegre pensando “aquí estoy, y estoy
solo”?
—No me lo he planteado así, pero sí podemos dar esa lectura.
No había caído en ello, y me parece ingenioso, pero yo iría
más en el sentido de que voy a Vista Alegre porque es una
plaza que me encanta, porque me apetece matar seis toros y
porque interiormente me lo debo. Esa es mi historia.
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