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"JOSELITO", TRIUNFADOR ABSOLUTO EN GIJÓN:
UN RECUERDO IMBORRABLE
(15/8/03).
Por "Un Artista Anónimo.
La tarde del pasado 15 de agosto en la plaza de toros de
Gijón quedará en el recuerdo de todos cuantos
la presenciamos, ya que en ella asistimos a una gran obra
de arte, de arte taurino.
El autor, Jose Miguel Arroyo, ya ha creado unas cuantas como
esta, pero ahora que muchos dicen que está sin ánimo,
que debe retirarse, que es una mera comparsa, o simplemente,
que está rebañando antes de irse del toreo, la del
viernes 15, adquiere mayor importancia, porque los numeros
no sirven para nada, son las obras las que quedan en el recuerdo.
Para nada cuenta, bueno, sí cuenta, porque la regularidad
tambien es importante, cortar orejas todos los dias, pero
si gracias a ello, cuando acaba la temporada nadie se acuerda
de ninguna de esas faenas, es que la rutina ha dominado la
labor del artista. En este caso, más que en ningún
otro, al torero, y tambien a sus seguidores poco le importan
los números, esa regularidad, sino lo que queda en
el recuerdo, que son unas cuantas faenas cada temporada.
Ésta que nos ocupa va a ser de las que cuando Joselito
se vaya a su casa, todos recordaremos como una de las mejores,
una de las que más han marcado esa sensación de paladear el
toreo, de sentirlo al mismo tiempo que se va creando, de notarlo
en todas las partes del cuerpo. Lo que los asistentes a ese
festejo, aficionados o simples espectadores, sintieron, es
algo que no se olvida. Los gritos de !torero, torero¡, cuando
pedian las orejas son algo que llega, que se mete dentro del
artista y del que gracias a su especial sensibilidad de aficionado,
ha sentido como suya una obra creada con el corazón
y expresada con los engaños, y con todo el cuerpo.
Hacía mucho que no se rompian los olés, cuando "Joselito"
manejaba los engaños, sobre todo por el lado derecho, con
esa rotundidad, con esa pureza, con esa hondura, y con ese
sabor, dejando el poso de la solera de los vinos viejos, de
los grandes reservas. Eso fue esa faena, un gran reserva del
toreo en este 2003.
Un grato recuerdo, que como esos vinos asolerados, deja un
regusto especial en el paladar.
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